Amor Fraternal

Actualizado: abr 29

«Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí» (Mateo 25:35-36).



"Contacto Misionero"

No existen palabras para explicar el sentimiento que reposa en nuestros corazones, en el instante que tenemos un «contacto misionero», si así lo podemos llamar. Es en el mismo instante que entras en contacto con las personas necesitadas, no solo las que carecen de lo material, si no también de aquellas que con unas notas de aquel violín y guitarra, son movidas sus fibras sensibles de su corazón. Aquellas personas urgidas por un contacto humano, el cual apacigua toda dolencia, problema o tribulación. Esto es parte de lo que se vive en los cuartos de un hospital, en donde cada mes, grupos de jóvenes voluntarios acuden, para llevar palabras de vida y esperanza a los demás.


"Dios tiene el control"

Escuchar los testimonios de los pacientes, y sentir que una canción instrumentada por nuestro violinista, compagina con aquella circunstancia por la que esa persona ha vivido. Definitivamente no existe coincidencia, Dios coloca hasta el más mínimo detalle en nuestro camino como misionero. Una canción, un pasaje bíblico, un abrazo, un saludo; no hay nada en donde nuestro Dios no tenga el control.


"Ser reciproco"

Nuestra labor en el campo misionero, no solo sirve de bálsamo que reconforta los corazones de aquellos necesitados, también suaviza cada tejido del nuestro. Compartiendo con el prójimo, es de esta forma, donde aprendemos apreciar lo que Dios nos da. De esta forma practicamos el altruismo y la empatía, y somos recíprocos con lo que recibimos de nuestro Señor Jesús, y al mismo tiempo, un testimonio para aquellos que todavía no se deciden entrar en el campo misionero.


"Heme aquí, envíame a mi"

Repasar los pasajes bíblicos que se encuentran en Mateo 25:35-36, en todo momentos de nuestras vidas, es la mejor formar de devolver una parte de lo que Dios nos da. Cuando recibimos una sonrisa de parte de aquellos por los que Dios nos ha enviado, es la mayor recompensa. Estos detalles, son los que nos llenan de gozo y fuerzas para seguir adelante en esta obra, obra que «Todo ser que cree la verdad ha de ocupar su lugar diciendo: “Heme Aquí, envíame a mi”» [Isaías 6:8] (Testimonies, t. 6, p. 49).


Con estas palabras, aquí en “CMI & SALT” te hacemos un llamado, a ser obreros juntamente con Dios. Cristo encomienda a todos los que han recibido la luz, la impartan a los que están todavía en tinieblas, a los que están enfermos, a los pobres, y a los perdidos.


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